Durante siglos se ha aceptado la monogamia monosexual (hetero por supuesto) como única forma de unión aceptable. Otras formas han sido perseguidas, marginadas y prohibidas siempre en función de la moral religiosa y de supuestas ofensas al Sumo Creador que dicen que vive en los cielos.
Pero este modelo es falso por muchos motivos. Basta con ver la gran cantidad de divorcios del mundo moderno en que cada vez más son los matrimonios que fracasan. Dentro de este vinculo que exige que las personas se amen en exclusiva a su consorte siempre aparece la clásica amante del marido, menos en la esposa, y como no el negocio del sexo mercenario, la prostitución. Tema éste que ya trataremos en otro lugar.
¿Cuantos maridos han tenido que acudir a la prostitución para desahogarse sexualmente y realizar con profesionales prácticas que la propia esposa rechaza como puede ser el sexo anal y oral? Está claro que existe un divorcio de lo que se desea y de lo que se tiene.
Las diferencias de educación entre hombres y mujeres provoca esta disparidad, esta contradicción entre ambos cónyuges que termina con la visita del marido al prostíbulo más cercano con el consabido riesgo de enfermedad venérea y de complicidad con el tráfico de mujeres por parte de mafias organizadas.
Esta claro que cuando un hombre acude a la prostitución es debido a numerosas contradicciones pero también al fracaso de la propia monogamia. Es la hipocresía de exigir a la mujer castidad mientras el marido se desahoga en un burdel.
Por eso cobra sentido el buscar alternativas al modelo monógamo de emparejamiento y sustituirlo por el poliamoroso que es una alternativa más racional y humana.
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