Leo en la prensa que España supera ya los cuatro millones de parados, cifra récord en la Historia de la península, sin que a ninguno de nuestros gobernantes se les caiga la cara de vergüenza.
Esa cifra crea alarmismo justificado, pero lo que sorprende es que aún no se haya producido una reacción hostil de la sociedad como ocurría en los años 30 con la eclosión de la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial.
¿Superaremos la crisis? Yo creo que sí, pero nunca recuperaremos la bonanza económica de años atrás que ya han pasado a la historia. España se ha convertido en el país que más empleo destruye tal vez porque estaba sobrevalorado. Una economía cuyo eje era la especulación y el enriquecimiento de una élite desvergonzada capaz de todo con tal de llenar sus bolsillos y llevar una vida de consumo desproporcionado. La sociedad del despilfarro está tocando a su fin, bueno ya está bien fiambre.
Resulta dramático para muchas familias que se han quedado sin empleo y sin recursos para subsistir, mientras nuestros políticos sonríen y otros braman para desgastar a los que nos desgobiernan porque desean sustituirles y desgobernarnos ellos. Pero unos y otros buscan el poder a toda costa, a cualquier precio.
Los autonómicos la utilizan para mentirnos aún más y llevar las aguas a sus intereses. Se culpan a los inmigrantes, al estado central que reparte sus recursos a las zonas más pobres. En otras palabras a los más débiles. Su alternativa es la ley de la selva, el capitalismo puro y duro.
Pésimo panorama tenemos y me temo que será para largo tiempo.